Viena y Bratislava en tres días.

Buenos días 🙂 espero que pasarais un puente maravilloso ,yo he estado desconectada un par de semanitas, las clases que no desaparecen y se acumula trabajo en la encimera. Pero como no todo es aburrido y ahora se acercan cada vez mas las navidades espero que disfrutéis de este post, tanto como yo cuando fui el año pasado 🙂

Hoy os traigo un post de nuestro viaje a Viena, el cual duró sólo tres días aunque como veréis dieron para mucho. Y en el cuál utilizamos varios de los consejos que os deje en el último post como optimizar tu puente de tres días.

Comienza el viaje

Como ya os conté en los próximos viajes que os cuente y salvo que ponga lo contrario partiremos desde Maribor, Eslovenia. Como desde Maribor a Viena hay cosa de unas cuatro horas nos pareció conveniente e imprescindible ir a visitarla un par de días.

El viaje lo hicimos en tren, los paisajes son realmente preciosos y, es quizá por eso por lo que muchas veces descartamos tener menos horas de viaje a cambio de no ver nada por la ventanilla. Los trenes además eran muy distintos a la Renfe o el AVE que por aquí estamos acostumbrados, ya que pintaban (al menos en los que coincidimos) un aspecto viejo, con sus camarotes con puertecita, pero a la vez con sus cargadores y asientos reclinables (súper chulos vamos).

Llegamos en torno a las dos o así, se suponía que nuestro hotel estaba cerquita de la estación, pero en un mapa todo está más cerca de lo que parece. Por tanto nos medio perdimos en su búsqueda, lo cual nos vino muy bien puesto que vimos de paso el Palacio de Belvedere al cual volveríamos más tarde, y que es realmente impresionante. Tras esto fuimos a nuestro hotel, el hotel Enziana, de aspecto muy austríaco con una decoración al puro estilo tirolés en el que el personal, que era muy agradable, vestía con ropa tradicional. Al llegar a la hora de comer tirando a tarde a la ciudad, decidimos comer en el hotel, fue caro pero valió la pena. Nos pedimos un Schnitzel tradicional y después nos fuimos a ver un poco Viena.

En esta ocasión, no decidimos comprar ninguna tarjeta transporte ya que nuestra idea era ver lo mas céntrico, e ir a Bratislava la cuál no sabíamos muy bien cuanto nos iba a llevar, por lo que creímos que íbamos a desaprovechar la tarjeta transporte si la comprábamos. No obstante que sepáis que existe y que también la hay de 48h. de transporte ilimitado o de 72h, quizás y seguramente haya mas modelos, pero como esta vez no nos interesaba no indagamos mucho en ella.

Segundo día, Bratislava. 

Resultó que Bratislava, la capital de Eslovaquia, esta a menos de una hora en tren de Viena, a si que consideramos que estaría bien aprovechar el día o más bien la mañana en ir a verla y prescindir de algunas cosas de Viena que estaban lejos, porque Viena siempre será una ciudad (en mi opinión) más turística y de más fácil acceso para volver.

Llegamos temprano a Bratislava, pero resulta que tiene dos estaciones de tren, una cerca del casco antiguo y otra en lo que sería la zona como más residencial, es decir, una estación a cada lado del Danubio. ¿Adivináis a cuál fuimos a parar? , Exacto a la que más lejos estaba del caso histórico, asique al salir de la estación fue como “bah, pues no es para tanto” claro que cuando nos dimos cuenta del error ya llevábamos andando 1hora perdidos …

Al fin cruzamos el Danubio, impresionante por cierto, y llegamos al casco histórico y a la plaza de Hviezdoslav y fue como “esto es otra cosa”, ya que ahí además esta el museo nacional eslovaco. Y la verdad es que Bratislava es una ciudad pequeña que se ve perfectamente en una mañana y es muy difícil perderte pero es realmente bonita.

A Bratislava hemos ido dos veces, pero eso es otra historia.

Decidimos no subir al castillo (en esta primera ocasión) y nos adentramos más a callejear partiendo de la oficina de turismo que está en pleno centro del casco histórico. Vimos todo el casco histórico incluyendo la Puerta de San Miguel, además del hombre trabajando, entre otras muchas, creo que el hombre trabajando es la estatua con mas turistas al rededor que nos hemos encontrado y no os meto foto porque es demasiado conocida que lo demás.

Uno de nuestros principales objetivos para ver en Bratislava era la Brújula situada bajo la Torre de San Miguel, que no es nada más que un punto en el suelo bajo una torre en el cuál se indica la distancia que hay desde ahí a otras ciudades del mundo, además de la Iglesia Azul que la visitamos en nuestra segunda ocasión.

Bratislava es una ciudad en la que uno tiene y debe fijarse en cada detalle, puesto que tiene mucho encanto y se conservan muchísimas cosas de los imperios austro húngaros. Algo que nos llamo la atención por ejemplo, de esas cosas que no te fijas mucho, era que en el suelo había coronas incrustadas en cada X parte de las calles que comunican con la calle en la que esta situada la catedral de la ciudad.

Decidimos comer en un brasileño llamado RIO Restaurant (nombre muy original como veis), y que obviamente no es para nada lo típico de allí pero que pese a ser caro estaba realmente bueno y el postre uf mejor no hablar del postre 🙂

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Demasiado bueno para ser verdad.

Estaban colocando los adornos navideños y alguna plaza principal donde encontramos una estatua de Napoleón, no se veía del todo bien con tanto trajín, pero a parte de eso es una ciudad muy bonita, sencilla y acogedora, que se ve en una mañana, es decir, una escapada corta muy recomendable.

Vuelta a Viena.

Volvimos entorno a las 5 o 6 de la tarde, lo que significaba que ya estaba oscureciendo y poco podríamos ver ya, no obstante fuimos a ver el centro de Viena, hay una zona Stephansplats, que es como una enorme Gran Vía peatonal repleta de tiendas a cuál mas cara. Yo soy muy fan de la marca Swarovsky, y de todo lo que brille, pese a no haberme comprado nunca nada allí, por mi presupuesto reducido en caprichos (todo lo que tengo me lo han regalado), bueno pues la tienda de allí tenia como cuatro plantas a cuál más brillante.

Me llamo mucho la atención (por eso lo cuento) como tenían colocado las cosas, había tantas cosas caras que las “baratas” de 70-100€ las tenían puestas como la bisutería en las tiendas de ropa, colgadas como si no valiesen apenas nada, en su caja y bonitas pero como si no fueran gran cosa. Y una cantidad de asiáticos por metro cuadrado alucinante, todos los que ese fin de semana fueron a Viena estaban ahí.

Tras este inciso, seguimos bajando la calle y explorando las callejuelas hasta que llegamos a la Catedral de San Esteban o Stephansdon, allí estaban poniendo el mercadillo navideño, llegamos justo para el inicio no estaba ni inaugurado entero cuando estuvimos, pero lo poco que estaba era muy mono.

Tenia arboles de navidad delimitando lo que seria el mercadillo y rodeaba la iglesia. Tenían cosas para beber y comer y si pedías algo de beber te daban una tacita muy mona, en forma de bota de Papa Noel, que nos trajimos de recuerdo, una vez pedida la primera consumición con la taza, únicamente después pagabas un euro por rellenártela.

El paseo se nos hizo largo porque caminamos durante varias horas sin rumbo fijo, asombrados por tanto edificio impresionante. Pero eso provoco que nos quedamos sin sitios abiertos donde cenar, asique terminamos en un Burger, sobre el sitio nada que decir jaja, igual que en el resto de Europa.

La vuelta en el hotel se nos hizo amarga y entristecedora porque coincidió con los atentados de Paris. Lo que no voy a destacar porque me da bastante pena y respeto. Pero que sepáis que de 21 canales internacionales que teníamos en el hotel, 20 estaban informando, ¿adivináis cuál prefirió que saliera Malú cantando? , pues eso dio un poco de vergüenza no saber que es lo que pasaba realmente porque el único canal de “noticias” en tu idioma no informaba de nada.. Algo apagados nos fuimos a descansar.

Último día, vuelta a casa.

Volvíamos pronto, asique tras desayunar en el bufe del hotel, que tenia de todos nos fuimos para la estación, pasamos antes por la embajada de Francia la cual como os podéis imaginar estaba con flores y velas.

Después de aquello, hicimos la ultima parada en la iglesia de San Carlos Borromeo, muy cerquita de la estación y preciosa cuanto menos. De ahí fuimos derechitos a la estación.

Hubo algunas muchas cosas que nos dejamos sin ver, porque Viena es una ciudad muy grande para pateársela entera y verlo todo, asique nos quedan pendientes muchas cosas, como por ejemplo el parque de atracciones, resulta que en Viena esta el llamado Prater, que es el parque de atracciones mas viejo del mundo inaugurado antes de 1900, y era algo que teníamos pendiente de ver y que dejamos apuntado para la próxima.

En definitiva fue un viaje, corto intenso y muy chulo, vimos y aprendimos muchas cosas, ahora nos fijamos mas en la estación a la que vamos, valoramos mas a los que están lejos, y sobre todo queremos volver a Viena y a Viajar. Porque volveremos claro 🙂

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